Hoy se cumple medio siglo desde que el 30 de octubre de 1968 Eduardo Armstrong y Óscar Vega le entregaran a Chile uno de sus personajes más icónicos, Mampato. Un pelirrojo niño se ve envuelto en una aventura extraterrestre de la cuál saldría victorioso, derrotando un tirano alienígena llamado Mong (inspirado lógicamente en Ming de Flash Gordon) parte de la raza de los verdines, que veremos algunos números más tarde nuevamente, y por supuesto obteniendo un gran trofeo, el cinto-espacio temporal. Un artefacto que le permite a joven aventurero viajar a diversos lugares y épocas, principal dispositivo de las peripecias que al poco andar pasarían a la pluma y tinta del recordado Themo Lobos.

Debemos como sitio reconocer la gran labor que han desarrollado los colegas de Cuarto Mundo, en generar una senda cobertura con reseñas de la gran mayoría de los arcos del pelirrojo, adelantando las celebraciones que les recomendamos revisen. Hoy por nuestro lado, hablaremos sobre un número en particular, que creemos tiene todos los elementos que hacen grande a esta obra, pero que además generó en muchos de la generación de los ochentas, un sentido de justicia social que era propio del autor, y que lograría traspasar magistralmente a miles de lectores, por lo que siempre le estaremos agradecidos. Mampato “El Árbol Gigante” es una historia compuesta por tres arcos, el primero homónimo, el segundo “La Amenaza Amarilla” y el tercero “La Rebelión de los Mutantes“. Aparece por primera vez en mayo de 1973 y tendría su última entrega en julio del mismo año, abarcando doce números de la clásica Mampato con entregas de cuatro páginas cada una. En éste cómic Ogú y Mampato viajan al futuro convocados por Rena, quien telepáticamente a través del tiempo y espacio pide la ayuda del pequeño para luchar contra una raza que amenaza la paz de su pueblo de telépatas. Es así como el trío emprende viaje hasta un gigantesco árbol, cuna de diversas razas separadas en marcadas clases sociales, y dominadas por una brutal especie de seres amarillos que como es de esperarse, habitan la parte más alta de la estructura; y será Mampato quién liderará la rebelión para terminar con el yugo de los opresores.

Corría el principio de la segunda mitad de la década de los ochentas y mi padre comenzó a traer a casa una revista. En mi hogar siempre hubo historietas, Disney, Hombre Araña, algunos Batman de Novaro y por supuesto las Condorito. Pero las Cucalón tenían algo que las otras no, un protagonista de mi edad (8 años en la época) y además chileno. Al leerlas reconocía los lugares, a la gente, los modismos, todo desarrollado con un arte magnífico, minucioso, dinámico, entretenido, y también con una prosa privilegiada. Y es que el sentido de ritmo en la escritura de Themo, sus manejo de la tensión, los giros dramáticos, la humanidad de sus personajes, los detalles en el retrato de lo histórico, se configuraba para entregarnos una obra que con el riesgo de sonar chovinista, era mejor que un Tintín, la gran historieta referenciada por todos cuando se habla de la cómic de aventura de corte histórico. Pero no sólo por aspectos técnicos, que siempre al final son discutibles, sino porque su autor, Themo Lobos, tenía algo que Herge nunca tuvo, compromiso social.

Cuando llegó El Gran Árbol a mis manos, arribaron los tres números juntos, así que pude disfrutar de la historia completa de inmediato. Los métodos de distribución eran distintos en la época y no era raro contar con  una revista años después que viera las estanterías de los quioscos, tampoco había internet y la piratería era en este tipo de artículos prácticamente nula, porque eran tan baratos que no valía la pena. Entonces me senté y pude disfrutar de una historia que sin saberlo, sería fundamental en la configuración de la persona que soy hoy.

Rena comunicándose a través del tiempo y espacio

Frente a mí se desplegaba una revolución. Con esta historia Themo no sólo desarrollaría una gran narrativa, y vaya que lo es, sino que introduce conceptos complejos, como por ejemplo la lucha de clases, la necesidad de libertad y el sentido de sacrificio. El árbol en sí es una gran metáfora de la primera. Diversas razas cohabitan pero no conviven en el árbol, que a su vez es una gran maquinaria configurada principalmente para satisfacer las necesidades de los que viven al tope del gran vegetal, la raza amarilla es la que ostenta los recursos, y que dirige la fuerza coercitiva que es el músculo que oprime al resto. Claramente una evocación al capitalismo, donde los que concentran los recursos son los menos y utilizan dichos recursos para generar elementos opresores, que van desde la carencia de bienes para el resto hasta recursos más directos como las policías o las fuerzas armadas. También es interesante que Lobos retrata a dichas fuerzas opresoras de una manera muy similar a las de nuestro mundo, personajes que vienen de clases sociales bajas, y que suben artificialmente en el escalafón no a través de la educación, sino de convertirse en un recurso que ejerce violencia contra otras y otros de su misma clase social. Por otra parte Themo también agrega a los traidores, representados por las ratas espías que alimentan los oídos de los amarillos, moviéndose entre las sombras y la podredumbre de algunas áreas del árbol, pero con una acción redentora al desenlace cuando uno de ellos da su vida en pos de una causa que al final se dio cuenta igual le pertenecía.

En una entrevista con El Clinic, Themístocles Lobos declaró “Mampato siempre fue de izquierda, igual que yo”. Esta frase, que a muchos puede incomodar e incluso molestar, debemos analizarla no desde un punto de vista partidista, sino ideológico y valórico. El pequeño siempre luchó por los más débiles, por los oprimidos y le daba gran importancia a la educación, Themo usa la historia como vehículo de la aventura, como el fluido en el que el personaje viaja, crece y mejora, esto no es más que el reconocimiento de la educación como un movilizador social. A través de ella mejoramos, logramos una población más consciente, más responsable con la construcción de sociedad, independiente si somos de izquierda o derecha. Estos valores en general han sido promovidos por ideologías más cercanas a la izquierda, a pesar que demasiadas veces en la práctica, estas mismas ideologías han sido pervertidas por líderes autoritarios y crueles. Entonces Themo crea un personaje comprometido con estos aspectos, que además no los tranza jamás, al punto que en muchas de sus aventuras está dispuesto a poner su vida en riesgo para defenderlos.

El espectacular Árbol Gigante

Ahora volviendo a El Árbol Gigante, no es tema menor que esta narrativa, la más directa en términos del mensaje social que desarrolló Themo con su personaje Mampato, apareciera en 1973. Ya en el 64 Brasil había caído en dictadura y rumores de levantamientos armados corrían en el ambiente. Tampoco las dictaduras eran algo nuevo en nuestro continente, nosotros mismos habíamos tenido a Carlos Ibáñez del Campo (1927 a 1931), y muchos definen al mismísimo padre de la Patria, Bernardo O`Higgins como un dictador. Lo anterior sumado a que nos encontrábamos en medio del gobierno de Salvador Allende, elección que molestó de sobremanera no sólo a las clases pudientes de Chile, sino también a potencias como EE.UU.; es imposible pensar que Lobos no fuera influenciado por el contexto, que meses más tarde cerraría con uno de los hechos más oscuros de nuestra historia, el Golpe de Estado que dirigió Augusto Pinochet. Al igual que El Eternauta en Argentina, Themo nos regalaba una visión de la resistencia, el pequeño Mampato funciona como Juan Salvo, acompañado por Rena y Ogú, pero a diferencia del héroe argentino, nuestro pelirrojo lograría el objetivo de liberar a los oprimidos, de seguro un comentario respecto de la elección de Allende, que de alguna manera corta el árbol gigante generado por la burguesía criolla. Pocos eso sí, podrían anticipar que el árbol volvería a levantarse, más firme e inmisericorde que antes.

El Árbol Gigante habla de revolución, pero más importante habla de hermandad. Habla de la importancia del trabajo asociativo, de lo fundamental que es cuidarnos los unos a los otros, de la posibilidad que tenemos de ser mejores si dejamos nuestra apatía de lado y trabajamos por una comunidad mejor, más solidaria, menos mezquina. Habla de las diferencias sociales, de la acumulación de poder y riqueza, de la miseria de los que viven en la base, de la falta de empatía de los pocos privilegiados que viven en la cima. Y genera esperanza, algo sumamente necesario en un mundo que se está llenando de líderes como Trump, Maduro y ahora Bolsonaro. Themo nos dio una historia de aventura, y como dijo Sasturain “la aventura es vivir a la altura de sus sueños”. Themo nos permite soñar con algo más grande que nosotros, con un sentido de comunidad, donde podamos convivir,  respetarnos, sin que unos pocos, simplemente por el privilegio de haber nacido en cunas de oro, crean que tienen el derecho de tenerlo todo.

“La tiranía ha terminado. Ya no serán esclavos nunca más”

Es por estas razones, que Mampato y El Árbol Gigante es nuestro cuarto Cómic Esencial. Gracias Themo, y muy feliz cumpleaños incansable pequeño pelirrojo.

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Cómics Esenciales 04: En sus 50 años recordamos La Rebelión de los Mutantes de Mampato

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